Humor Gráfico

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domingo, 9 de agosto de 2020

CPSN: SPOILERS DEL MCU

Tira inspirada por Juls y Marc. ¡Besos!

La viñeta que provocó 1000 quejas

La viñeta que provocó 1000 quejas

Viñeta de la serie Six Chix de Bianca Xunise del martes 28 de julio de 2020 que sirve la agencia King Features Syndicate para distintos medios.

La mujer blanca sin mascarilla le dice a la mujer negra con mascarilla que lleva la camiseta con el lema «No puedo respirar»:

«Si no puedes respirar, ¡quítate esa tonta máscarilla!»

Cancelada

Algunos de los diarios donde apareció esta viñeta comunicaron su decisión de dejar de publicar la tira Six Chic, alguno incluso plantó una disculpa en el lugar donde debía aparecer su siguiente tira calificándola de inapropiada y ofensiva y además pidiendo una disculpa por parte de la agencia.

 

La viñeta que provocó 1000 quejas

Traducción:

Una disculpa

La edición del martes incluyó una viñeta de Six Chix que fue inapropiada y ofensiva. Hemos notificado a la agencia que proporciona la viñeta que, como resultado, ya no publicaremos más Six Chix en nuestro periódico. También hemos solicitado una disculpa de ellos.
Nuestras disculpas por una viñeta que reflejaba exactamente lo contrario de lo que representamos como periódico.

La autora de la viñeta, que compartió esta captura de la disculpa de un medio, no sólo no tiene intención alguna de disculparse por el chiste, además considera que es un acto de censura.

«Así que, aparentemente, las respuestas de los ofendidos hicieron que mi viñeta desapareciera de algunos periódicos y una disculpa, que no aprobé, está apareciendo en su lugar. Para que conste, no me disculpo por esta viñeta y esto es censura«.

Decisión que respalda Tea Berry-Blue, su editora, que ha dejado claro que la agencia tampoco piensa disculparse.

Bianca Xunise  lo tiene claro: «Estoy siendo silenciada por sentimientos blancos por una viñeta de humor».»Este es un completo paso atrás en la dirección equivocada’.

La viñeta que provocó 1000 quejas

Bianca Xunise. Instagram @biancaxunise

Después de publicar en Twitter lo que Xunise llama «la viñeta que provocó 1000 respuestas airadas», explicó así su idea y lo que opinaba sobre cómo se había malinterpretado.

Y quiso aclarar: «Es fácil asumir que la mujer blanca que me habla es racista, eso puede ser cierto o no, pero ese no es el punto.

«El punto de la viñeta es cómo la gente blanca ve los problemas que afectan a los negros como triviales» (…) «no como algo sistémico». 

«Todo el debate sobre la mascarilla se ha comparado con la opresión, algo que encuentro increíblemente ofensivo.

«El hecho de que los blancos quieran denunciar opresión ahora por tener que cumplir con su deber cívico de proteger a los demás no es la lucha negra en absoluto».

Lo curioso es que las quejas no van en una única dirección, los hay que consideran que «no sólo difama a Floyd  (Ver con VPN) y al movimiento Black Lives Matter, sino que también pisotea el hecho científico, ya bien establecido, de que las máscaras no son ‘tontas’, que son importantes para frenar el COVID-19 y salvar vidas».

Otros, sin embargo, consideran que ataca injusta y gratuitamente a los blancos. También los hay que creen que es una viñeta fallida o mal resuelta porque no se entiende, puede interpretarse de distintas formas o simplemente no es graciosa.

Sobre Six Chix

Six Chix es una tira cómica diaria que se publica en más de 125 periódicos en los Estados Unidos y en otros países. Lo que no tengo claro es si ahora con la decisión de algunos diarios de cancelar Six Chix afectará también de rebote a las otras cinco autoras.

 

Six Chix la dibujan seis mujeres, un día de la semana cada una y luego rotan para encargarse de las tiras dominicales. Isabella Bannerman dibuja los lunes, Bianca Xunise los martes,  Susan Camilleri Konar  los miércoles, Mary Lawton  los jueves,  Maritsa Patrinos  los viernes y Stephanie Piro dibuja los sábados. Cada autora escribe y dibuja con su propio estilo y perspectiva. La temática de los chistes es variada y pueden tratar sobre economía, tecnología, incluso zombis o asuntos relacionados con la salud. Los personajes principales de las tiras son mujeres.

La serie Six Chix fue ideada en el año 2000 por  Jay Kennedy (1956-2007) cuando era el editor jefe de King Features. Pretendía lanzar nuevos autores y tratar de atraer a más mujeres creadoras y lectoras a las viñetas. Con Six Chix consiguió lo que buscaba. En 2014, Six Chix recibió una nominación de la National Cartoonists Society a la mejor tira cómica de periódico del año.

Opinión al vuelo

Para cualquier autor o lector con cierta edad, opinar sobre esto ya es agotador. Es repetir una y otra vez lo de siempre buscando variaciones de lo mismo para seguir girando en el mismo círculo.

Hace unos días hablé un buen rato con el colega Cristian Sánchez, viñetista colombiano del diario El Espectador y Publimetro que firma como X-tian y reside en España.

Cristian está haciendo un Máster en Nuevos Periodismos y Comunicación Política en la Universidad de Valencia y su trabajo final  trata sobre las transformaciones del humor gráfico bajo la nueva corrección política, para ello me pidió opiniones que sumaría a las de otros conocidos humoristas gráficos de España y Colombia a los que ha entrevistado.

La viñeta que provocó 1000 quejas

Intenté defender que los temas que provocan las polémicas que derivan en broncas con efectos nocivos para los autores no han cambiado tanto, que en esencia son casi siempre los mismos.  También quise restarle algo de dramatismo a las oleadas de ofendidos, porque aunque sean intensas, suelen apaciguarse casi a la misma velocidad que se levantan. Así de rápido caduca todo en el actual mercadillo de la opinión y la atención.

Quizá ahora nos ofendemos más y más rápido y por cualquier cosa, pensamos menos antes de ofendernos o simplemente tenemos más visibilidad como masa cabreada y eso ha contribuido a convertir la indignación en el deporte oficial de internet. Tampoco sabemos aún si el rebrote de eso de la cultura  de «la cancelación» es ya endemia o si incluso puede empeorar.

La cuestión es que cada pasaje de estos me va despojando de argumentos para quitarle hierro a los apaleos virtuales. Se está naturalizando la entrega sin condiciones de un peligroso y aplastante poder a una masa indefinida para juzgar, sentenciar y castigar opiniones casi como si de una ley divina no escrita se tratara.

La viñeta que provocó 1000 quejas

Es preocupante la cobardía de esos medios que descabalgan a un autor de sus páginas con tanta rapidez por obra y gracia de simples críticas, así sean diez o diez mil.

Críticas que tanto los que las emiten, los dibujantes, como los medios deberían tener ya más que asumidas como reglas básicas del juego de la libertad de expresión sin que por ello nadie tenga que perder su empleo o tener problemas graves por recibirlas, menos aún por un chiste. Por un jodido chiste.

 

Crónica de un rastreo imposible en Madrid

Crónica de un rastreo imposible en Madrid

Ahora que la Comunidad de Madrid se está enfrentando al rebrote que no quiso atajar a tiempo en julio, que carece de rastreadores -ni voluntarios ni contratados- y que cualquier atisbo de transparencia en sus datos es una ilusión, el siguiente testimonio posiblemente no sea la serie de catastróficas desdichas que creí durante un tiempo.  

Todo comienza el último día de vacaciones en Ribadesella -de las que ya informé por otro asunto distinto y que por desgracia me veo obligada a volver a mencionar-. A la hora de comer, Simone olisquea con insistencia la rodaja de limón de su refresco. Ha perdido el gusto y el olfato, lo que parece anosmia, uno de los síntomas más raros y reconocibles del virus. Un picor de garganta por allí y una cefalea por allá hacen que nos diagnostiquemos como grupo sospechoso y decidamos iniciar los trámites de prevención, unas en Pamplona y otras en Madrid.

Lunes, 9:30 de la mañana. Llamo a mi centro de salud, que me recibe con una musiquita desquiciante de 6 minutos de espera y ninguna respuesta. Tampoco a la segunda, la quinta y la séptima. A las 13:00, Clara, médico en Madrid, recibe los resultados de la PCR que le han hecho a primera hora de la mañana por prevención laboral: positiva. Ahora mi caso se vuelve un poco más urgente. Van cerca de treinta llamadas y en mi casa retumba el espantoso hilo musical desde el altavoz del móvil a la espera de que surja una voz humana al otro lado. Son las 20:30. No ocurre.

Martes, a primera hora. Simone también obtiene su positivo y nos avisa de que, por ser la más sintomática, será considerada como el caso matriz desde el que partir el rastreo. Yo ya tendría que haber recibido la llamada desde Salud Pública madrileña por ser contacto cercano de Clara. Pero no solo no sucede, sino que siguen sin descolgarme el teléfono en mi ambulatorio. Las pamplonicas van recibiendo sus resultados -todas negativas- y las indicaciones: 10 días de cuarentena desde el último contacto con Simone y seguimiento cada tres días aproximadamente por si brotasen los síntomas. Sus móviles echan humo y, a 500 kilómetros de distancia, estoy al borde del acoso a mi médico de cabecera. 

Me siento afortunada, ese día han bastado cinco intentos para contactar con alguien. La operadora no pregunta demasiado, me pide que me aísle -algo que ya he hecho por motu proprio durante dos días y medio- y que espere la llamada del doctor. Suspiro. En el mientras tanto me contacta una rastreadora navarra encantadora, que me brinda 15 minutos de su tiempo en una conversación trufada de información útil aunque yo no entre en sus competencias y me haya derivado a Salud Pública madrileña, “que te llamarán enseguida”.

Miércoles, 11:00 de la mañana. Recibo una llamada de un número larguísimo. Contesto. No hay señal. Se pierde. Me siento como en esas películas de terror donde solo tienes una oportunidad para avisar a tu rescatador o como en Quién quiere ser millonario. Llamo desesperada al centro de salud porque no pienso perder la cita que llevo aguardando tres días y algo me dice que, si no lo hago, ellos no van a insistir más. Otra vez la maldita musiquita. Lo coge una operadora a la que informo de mis problemas técnicos y ruego que, si era el doctor, no me abandone en un confinamiento perpetuo en mi casa. “No era él”, me dice, “te llamará en unas horas”. Cuelga.

Miércoles, 15:00 de la tarde. Aparece en escena el doctor. Me imagino que de alguna manera debe saber que soy doble contacto de riesgo o algo sobre mi sintomatología, pero me equivoco. La lucha por conseguir una PCR con él es tremenda, como si el gasto saliese de su propio bolsillo. ¿No es acaso el protocolo? Dice que el dolor de garganta, la gastritis y la debilidad muscular no son suficientes. Que necesita algo más. Tras mis súplicas y exagerando con desgana mi estado, me cita en una hora.

Acudo a las 16:00 al centro de salud -que no es el habitual, puesto que el mío ha sido desmantelado durante la pandemia-. La entrada está custodiada por dos enfermeras armadas con pistolas de temperatura que se miran desesperadas entre ellas y maldicen a los médicos por no saberse los horarios del ambulatorio. “¡Hasta las 18:00 no hay nadie que haga PCR!”. No vivo cerca de ahí, precisamente. Cojo mi libro y espero sentada en un banco, paranoica para no tocar más de la cuenta porque -recordemos- yo debería estar aislada por ser contacto estrecho.

A las 18:30, una enfermera grita mi nombre y me pide un volante. Le explico que me han citado telefónicamente y que no tengo ningún papel. Noto que se le empieza a hinchar la vena y llama a un compañero: “El doctor de la mañana no ha dado ni un solo volante y ahora tengo la sala de espera llena de gente que me sale sin diagnosticar”, protesta. Eso es que todo lo que he hablado por la mañana con mi médico no está apuntado. Me dice que tengo que esperar a que me vea el de la tarde, un señor que, como soy asintomática, duda de que me haga falta una PCR. Eso, después de tres días de espera y de casi tres horas en el ambulatorio. Le recuerdo que soy contacto de dos personas positivas y se le cambia la cara, me firma el volante y entro a la sala de la enfermera. Ella parece la única conocedora de lo que hace, aunque le deben poner la vena a prueba varias veces al día. El doctor me notifica que los resultados saldrán en seis días. Le ruego que sea antes, que mis amigas de Pamplona los recibieron al día siguiente. “Lo intentaré”. 

Jueves, 10:00 de la mañana. Me llama una rastreadora de Madrid con tono profesional y agradable, aunque percibo su saturación. Le digo que ya me hice una PCR en mi centro de salud y me informa de que, independientemente del resultado, me harán un seguimiento porque los síntomas pueden brotar más adelante. El viernes, a las 18:00 de la tarde, cinco días después de mi primera llamada, recibo los resultados: soy negativa.

P.S: A día de hoy, a punto de cumplir la cuarentena, ni me han citado para una segunda PCR ni me han hecho un seguimiento. Por no decir que la médico de cabecera que me dio los resultados me preguntó a mí cuántos días debía estar encerrada porque no tenía del todo claro el protocolo. 

Este periplo personal no pretende ser la parte por el todo ni poner en el paredón a quien no corresponde: ni operadoras, ni enfermeras ni médicos que resuelven las negligencias de sus compañeros. Es un relato más o menos testimonial que, unido a la precariedad de la Atención Primaria en la Comunidad de Madrid y a la desidia de Isabel Díaz Ayuso para contratar a más rastreadores, explica la curva ascendente de una comunidad que se ha puesto a la cabeza de los contagios en apenas dos semanas

Madrid no puede abusar de la responsabilidad individual de sus ciudadanos y después, si esta hace aguas, lamentarse de que la gente no tiene conciencia. Si yo hubiese sido positiva, no hubiese podido teletrabajar, hubiese tenido un viaje o simplemente careciese de la información que me da escribir en este medio y leer a enormes compañeras que saben mucho, lo más probable es que hubiese iniciado un brote de forma inconsciente. No dudo que eso esté pasando a diario en esta ciudad por la dejadez de sus representantes. Cinco días sin noticias de Salud Pública, de un rastreador o de un doctor en pleno verano, es un peligro. La responsabilidad individual puede salvarnos, es cierto, pero nunca sin un mínimo de compromiso político.

El método de Álvaro Uribe

El método de Álvaro Uribe

El abogado Diego Cadena, experto en tramitar cartas y videos de delincuentes favorables a los intereses de sus clientes, no los recolectaba de manera espontánea, sino que los buscaba activamente por encargo del expresidente Álvaro Uribe. La principal víctima de esas acciones fue el senador Iván Cepeda, a quien pretendían cobrarle sus denuncias en el Congreso sobre la relación de Uribe con grupos paramilitares. Sin embargo, Cepeda no fue el único blanco de las maniobras para desacreditar e intentar judicializar a críticos de Uribe. Hubo otros objetivos entre los que está Gustavo Petro.

En poder de la Corte Suprema de Justicia hay dos comunicaciones que prueban que Diego Cadena, por encargo del senador Uribe, trabajaba en la consecución de pruebas contra Petro. 

Las fechas de las grabaciones coinciden en el primer caso con la publicación de encuestas que ponían a Petro a la cabeza de las preferencias electorales. La segunda conversación sucedió un día después de una manifestación en el Tolima, donde Petro habló de un episodio molesto para Uribe.

A finales de enero y comienzos de febrero del año 2018, se divulgaron unas encuestas en las que por primera vez Gustavo Petro punteaba en las preferencias electorales. El orden de los favoritos era el siguiente: primero, Gustavo Petro; segundo, Sergio Fajardo; tercero, Germán Vargas Lleras; cuarto, Humberto de la Calle y en un lejano quinto lugar, Iván Duque, el candidato de Uribe.

La misma semana en la que fueron publicados estos sondeos, los investigadores judiciales grabaron una conversación entre Álvaro Uribe y Diego Cadena:

­–Esa cosa de que Petro iba a pedirle permiso a esa gente, ¿sí la irán a declarar? ­–le pregunta Uribe al hoy también detenido Cadena.

­–Sí, presidente ­–responde el abogado­– Yo voy la otra semana para allá y voy a hacer la declaración. Incluso, el señor es el que me está diciendo: venga que eso se lo entrego solamente a usted. Entonces voy a ir la semana entrante para hacer eso.

En los registros no hay evidencias de que la anunciada declaración se hubiera recolectado la semana siguiente como Cadena lo anunciaba. La campaña continuó y en el mes de abril, Iván Duque ya era el líder de las encuestas con una ventaja holgada sobre Petro, relegado a un segundo lugar.

En medio del fragor de esa campaña, el jueves 12 de abril de 2018, a 45 días de las elecciones, Gustavo Petro se dirigió a una multitud en Ibagué. Acababa de reportarse un letal asalto a un grupo de policías por paramilitares y Petro sostuvo en el parque Murillo Toro de la capital tolimense: “Han muerto ocho agentes, miembros de la Policía Nacional, en el Urabá. Dice la prensa, y con casi toda la certeza, que por el Clan del Golfo, un grupo paramilitar cuyo origen es una Convivir creada por el entonces gobernador de Antioquia, Álvaro Uribe Vélez”.

La reacción del expresidente Uribe quedó registrada al día siguiente en una llamada con Cadena: 

­–¿Vio lo que dijo Petro ayer en Ibagué?­–pregunta Uribe­– Que de gobernador de Antioquia yo había promovido el Clan del Golfo.  

­–No, eso sí es una payasada por Dios. Sí me di cuenta de eso, presidente– contesta Cadena, inmediatamente antes de recibir un encargo.

­–Muy bueno esa declaracioncita que se dice contra él –casi susurra Uribe.

­–La semana entrante, presidente ­–promete otra vez Cadena­– Cosas puntuales y contundentes, no chismes de cocina, por Dios.

Los meses pasaron. Duque fue elegido presidente y Gustavo Petro llegó al Senado por haber obtenido la segunda votación. En diciembre de ese año, Petro se debió enterar de algo porque en una sesión, manifestó lo siguiente:

­–Señor senador Uribe, hoy sabemos que su abogado, el abogado Cadena, está presionando a extraquetos, a ver si ayudan a acusar el senador Petro de recibir fondos del narcotráfico... 

A Petro no lo dejaron terminar, le cerraron el micrófono para que no continuara. Fue conminado por el uribista presidente del Senado, Ernesto Macías, quien le recordó que ese tema nada tenía que ver con las regalías, que era lo que estaban discutiendo. Inmediatamente después, Macías le dio la palabra a Uribe para una réplica, que tuvo como coro los gritos de otro miembro de su bancada que le gritaba “terrorista” a Petro:

­–Voy a tomar aire, presidente ­–empezó su intervención el senador Uribe­–, como el que tengo que tomar cada vez que se oyen las defensas en los medios de comunicación. ¿A quién recordara yo de mis estudios de bachillerato? De pronto a Sócrates y una de las enseñanzas importantes que de Sócrates recogió Platón, fue esta: Una vida sin examinar, no vale la pena vivirla. No se incomode tanto, senador, porque le examinen su vida.

Uribe no negó que Cadena estuviera buscando elementos contra Petro. Por esos días, otro abogado de la cuerda de Uribe, el exótico Abelardo de la Espriella, acusó a Petro de haber recibido financiación del narcotraficante Daniel 'el Loco' Barrera.

A Barrera fueron a pedirle a Coleman, una cárcel en Florida, que declarara contra Petro. Sin embargo, él envió una carta a la Fiscalía de Colombia diciendo lo contrario: “Nunca he tenido relación alguna con el mencionado senador como tampoco suministré dinero, financiación o ayuda”.

El caso que tiene detenidos a Uribe y a Cadena, con el beneficio de permanecer en sus cómodas residencias, no fue una excepción. Era un método de operación concertado y repetido contra varias personas. 

Este artículo está publicado en Los Danieles, el sitio de columnas de opinión impulsado por Daniel Coronell, Daniel Samper Ospina y Daniel Samper Pizano en Colombia.

Concordia nacional

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